miércoles, marzo 03, 2010
Del Sabio Walter Savage:
martes, julio 08, 2008
¡PELIGRO! MUJER SIN IDEAS.

Un sólo ejemplo: no hay libro de reflexión científica con ideas más “poderosas y peligrosas” que “EMOCIONES Y LENGUAJE EN EDUCACIÓN Y POLÍTICA”, del nunca bien ponderado biólogo chileno Humberto Maturana. Dicho libro es la recopilación de dos charlas dadas por el insigne científico chileno ¡en 1988! y se puede acceder a él en: http://www.sectormatematica.cl/pedagogia/19%20Humberto%20Maturana%20-%20Emociones%20y%20Lenguaje%20en%20Educacion%20y%20Politica.pdf
El botón: “las premisas fundamentales de una ideología o de una religión se aceptan a priori y, por lo tanto, no tienen fundamento racional”. Si esta idea no es “poderosa y peligrosa”, ¿qué es? Esta misma frase vale como explicación de fondo para el tema que abordó tan superficialmente el señor Mena. ¿Cómo dos personas se atreven a hablar tan livianamente de ciencia en el “diario más grande de Chile”? Realmente deja mucho que desear lo escrito por ambos. Hasta yo, que no soy científico ni periodista ni nada de eso, escribiría algo mejor.
P.D.: ¡Cordiales agradecimientos a don Camilo Marks! ¡Al fin alguien que usa la palabra valorATIVO y no esa sandez de valorico! Siempre, lo mejor del suplemento.
lunes, enero 21, 2008
MATERIA DE FE
- Ve a la página 3, bajo el título "Curas y científicos, hombres de fe" en:
http://papeldigital.info/ltcul/
lunes, diciembre 17, 2007
LA TAREA DE HOY
La tarea actual, me parece a mí, es crear un pensamiento – y esa es la aventura – que recobre la posibilidad de tener un punto de referencia, un lugar de origen, pero que no sea un lugar de origen parroquial. No, ese pensamiento debe ser capaz de tener una visión universal, una visión global, pero al mismo tiempo recuperar las raíces y la tierra donde uno está. Esa es una tarea que no sabemos hacer, y que es, para mí, el gran proyecto cultural de hoy.”
Francisco Varela, biólogo.
sábado, diciembre 15, 2007
Imagen de ninguna parte
Cada vez que leo o releo una utopía, ya sea se presente como un sueño delicioso o como una pesadilla, tengo la impresión de que, a imagen de la reconstrucción de Varsovia, dicha utopía resulta convenir a todos, salvo a una persona, a saber, a mí mismo. De la misma manera que las utopías buenas (véase La Utopía, de Tomás Moro) no me llenan de contento, las malas no me parecen dignas de espanto (digamos, el Apocalipsis de San Juan). Es sin duda porque, para utilizar una expresión utópica, las malas utopías no parecen excluir a nadie en general, auque de hecho excluyan a todo el mundo en particular[1].
Otra tradición muy reciente cree ver en la muerte del socialismo la razón de que las utopías se hayan vuelto superfluas. Pues bien, yo creo que si el mundo de hoy es aterrador es porque se ha convertido, precisamente, en un terreno favorable al desarrollo de las utopías. Por todas partes en el mundo brotan las multinacionales, organismos sin origen ni lugar, utopías sin futuro, a veces incluso sin razón de ser. Un día fabrican golosinas, al día siguiente se transforman en compañías trasatlánticas, y, en el curso de una sola semana, invaden el mundo con trasatlánticos cargados de golosinas. Algunas han sido creadas para hacer dinero, otras, como las fuerzas armadas de las Naciones Unidas, creadas para el socorro de civiles en determinadas circunstancias, trabajan a pérdida. Algunas otras son esencialmente profilácticas. Otras tatas, como la iglesia, militan a favor del Bien. Otras aún –como un cierto Hollywood– predican el Mal. Todas son utópicas, todas creen que la felicidad es la orquestación de disposiciones plebiscitadas como buenas. Para tales las utopías, un hombre feliz es un hombre que se dice feliz y al que todos creen lo que dice. ¿Por qué se le cree? Porque su felicidad tiene causas explicables, como son la posesión de una camisa, el aroma de un perfume, el espectáculo de un incendio o el de una historia que le acaban de contar en imágenes.
Recientemente, el “profesor” Arnold Schwarzenegger explicaba que, en adelante, Hollywood no produciría más que películas de aquellas que la especie humana adora. Historia-ídolos, previstas en guiones de concreto armado y dirigidas según reglas que tienen fuerza de ley. Por definición, las historias destinadas a todo el mundo no existen en un lugar particular: son utopías. Para realizarlas, inventamos, manufacturamos imágenes utópicas –sin lugar ni raíces– y hacemos experimentos con ellas. Por el momento, los modelos utilizados para aquellas imágenes son las “stars” como, por ejemplo, el señor Schwarzenegger, pero muy pronto toda conexión con gentes y cosas preexistentes será superflua.
Me gustaría discutir sobre tales imágenes utópicas, pero para hacerlo deseo echar mano a una técnica retórica de persuasión tomada en préstamo a los antiguos sofistas chinos de la época de los Reinos Combatientes, antes del advenimiento del Imperio (pongamos por caso, Li si, en el siglo III antes de J. C.). esos sofistas pensaban que para convencer a alguien de la gravedad o de la importancia de un problema, en lugar de desmenuzarlo para reducirlo a sus componentes silogísticos, era mejor abordarlo con la ayuda de figuras retóricas[2]. Por ejemplo, no se dirá que es injusto expulsar a los extranjeros de Francia por tal o cual razón, sino más bien: A usted que le gustan tanto las joyas de Arabia y el café de Colombia, ¿cómo puede usted pensar que lo que viene del extranjero es detestable? Comenzaré este examen de las imágenes utópicas por un detalle tomado de mi vida personal.
La historia que voy a contarles comienza hace treinta años, en un bar-restaurante con un nombre de siniestro augurio: “Il Bosco”. En este bosque[3] de la noche se reunía una centena de estudiantes que no tenían ningún inconveniente en comportarse como los monstruos de las pinturas de Jerónimo (Hiero-nimus) Bosch. Se reunían en torno a unas mesas con la esperanza de olvidar[4] las mentiras[5] que durante el día les habían enseñado en la universidad y, entre otras demoliciones conceptuales[6], se dejaban a veces entretener y seducir por utopías variadas y contradictorias[7]. Quisiera mencionar hoy tres de esas mesas. Cada una de ellas, como en las novelas emblemáticas de Raimundo Lullio, era una representación alegórica de una utopía particular, mientras que todas aspiraban a ser la representación del mundo en su integralidad.
La primera mesa estaba situada adelante, a la izquierda, cerca del bar, donde se reunían estudiantes de Derecho y aquellos del Instituto pedagógico. Discutían, criticaban y practicaban en todos los niveles esta utopía en forma de monstruo que se llama Quimera. El cuerpo del monstruo estaba compuesto de tres creaturas distintas: la cabeza de mujer representaba una visión alegórica–la de una sociedad gobernada por las ciencias y dedicada a imponer la justicia social–. El cuerpo era el de un andrógino y representaba la visión fraternal de los pueblos empobrecidos y explotados. Los miembros, que eran los de un león, representaban la unidad de América Latina y la guerra patria.
La segunda mesa se encontraba al fondo del restaurante, a la derecha, en el rincón más sombrío y boscoso del establecimiento. Ahí, en medio de efluvios excremenciales, se juntaban los comentadores de Ludwig Wittgenstein[8] y de Bertrand Russell, perteneciendo éstos a la Facultad de Ciencias. Su creatura tutelar era el gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas, y su utopía secreta era la concepción de un mundo en el que los problemas se desvanecieran apenas queda demostrada su inconsistencia lógica.
La tercera mesa estaba igualmente situada al fondo del establecimiento, a la izquierda, pero iluminada ésta por una buena luz. Era un conjunto monotemático y entusiasta, compuesto de antiguos estudiantes, cinéfilos todos. Se practicaba ahí el arte de la memoria clásica. Su monstruo era el Golem. Todos eran antiutopistas o, más bien, temían el advenimiento de un mundo utópico del que se decía que en su seno las imágenes, las voces, los rostros y las caricias sintéticas tomarían un día el lugar del mundo real.
Treinta años más tarde, nos hallamos al final del siglo XX. De todas aquellas utopías mordaces no subsiste nada, aparte unas impalpables figuras angélicas casi transparentes, destiladas, predigeridas, homeopáticas. La utopía de un mundo justo, gobernado según los principios de la razón y de los métodos científicos, se transformó en terreno de juego en donde unos jugadores cabalistas –me refiero a aquellos corredores de la bolsa, vestidos como Burgueses de Calais estragados, con la barba recortada, el pelo corto, la cuerda al cuello– se hallan empeñados en un intercambio masivo de textos en código. Juego en el que el ganador gana más de lo que puede consumir; y el perdedor pierde lo que nunca ha tenido. Más allá de las murallas de esta Ciudad Ideal, se extienden vastos campamentos de seres humanos, erráticos, amnésicos, desprogramados, medio muertos y lazados a la siga de los cuatro Jinetes del Apocalipsis[9]: un puro estado de guerra, una peste, un hambre que ninguna hambruna podrá saciar; una muerte que fulmina hasta la idea misma de la muerte. Todos gobernados por el miedo, ese General de doble rostro: uno es el de Terror, amo y señor de los territorios en estado de guerra; el otro es el de Pánico, hijo de Pan[10]. Emiliano, profesor de retórica, oyó un grito desde el puete de su barco cogido en la tempestad, en aguas de la isla de Paxos: Tamo, Tamo, cuando llegues a Palode, diles que le gran dios Pan ha muerto. Este grito provocó el lamento inconsolable de ciudades enteras. A él respondió no hace mucho un consejero japonés del ex presidente Bush, “cuyo nombre no quiero recordar”, cuado dio en proclamar que San Agustín, dios del progreso indefinido, había muerto. El asesino de Pan está muerto. La historia se ha detenido. Pan revivirá.
La segunda utopía, que esperaba de la lógica el aniquilamiento de los problemas, no ha conocido mejor fortuna. El mundo, esa totalidad de acontecimientos, ha sido escamoteado o, por lo menos, se ha travestido de acontecimientos sólo posibles: lo que pudo haber sido ha suplantado lo que verdaderamente fue, mientras que lo que podrá ser reemplazará a lo que será. En este mundo se puede sostener que la Segunda Guerra Mundial no tuvo lugar; que la guerra de Troya no tendrá lugar; o aún que nosotros mismos no tendremos lugar. En el mundo de los guiones plausibles podemos vivir varias vidas y morir a repetición, pero con una condición: que nos sometamos a las leyes eternas de la “Energeia” –evidentia narrativa–. Se llama “evidencia narrativa” a la retórica de persuasión puesta hoy al servicio de la elaboración de ficciones, cuyas reglas básicas han evolucionado desde el siglo diecinueve. Todas propugnan la supremacía de lo plausible sobre una realidad de poco crédito, porque es incoherente y polvorienta[11]. En adelante ya no se dice: Se quitó la máscara y apareció su verdadero rostro, basta con decir: Para mostrar lo que es, se ha calzado su máscara.
Las reglas que gobiernan el cine (digamos, Hollywood) son idénticas al simulacro que es la vida en nuestros días. Esta utopía acaba por reformular la idea de salvación, cuya versión más perfecta se halla en la aplicación de la teoría de conflicto central: mientras más sacrifique usted a la lógica narrativa o a la Energeia, más posibilidades tendrá de salvarse. Reglas que han encontrado a menudo su inspiración en ciertos juegos venidos de la Grecia antigua, en los que predominaban el azar y el vértigo. Incluso hemos resucitado juegos que habían caído en el olvido. Juegos de resistencia al dolor –la prueba de la tortura– y juegos de sobrevivencia. En estas Olimpiadas permanentes, los miembros de la Ciudad Ideal son azuzados sin cesar los unos contra los otros para un combate singular. Cada movimiento, cada intención son objeto de evaluación (programas de farrándula. Nota del Transcriptor). Los otros, los no ciudadanos, la mayoría, vegetan como parias.
[1] Dicho de otra forma: la utopías no son generalidades (lo propio del conocimiento), sino generalizaciones. He ahí su radical insustancialidad: intentan reemplazar el todo por la parte que más le gusta al escritor. Esto debería bastar para dejar claro el tema, pero como el entendimiento humano es un can, le gusta morderse la cola un buen rato, antes de ir a dormir la mona.
[2] ¿Sabrá el coyote viejo que dicha ‘predilección’ estratégica viene dada por el formato de la escritura? En cualquier parte donde la lengua se escribe ideográficamente, la ciencia no nace. Sólo el asentamiento del alfabeto permite la ciencia, es decir, la descomposición de la realidad en su partes ‘fundamentales’ (letras), es decir, la existencia de ese supuesto. El hombre no piensa con el cerebro, piensa con la forma que adopta su lenguaje. He ahí por qué la concepción atómica de la materia sólo floreció en la modernidad occidental. He ahí la revuelta de la parte contra el Todo, nuestra prisión.
[3] Lamento inundar este texto con mis propias reflexiones, pero no puedo evitarlo. Cada palabra se convierte en un hipervínculo y esta palabra en especial, se despliega en mi mente como su significado. Por lo pronto, ver lo que dicen tanto O. y G., como Eliade respecto a él. No sólo asusta meterse en él, ahora tan sólo pensarlo, que es otra forma de hacerlo. De ahí vengo a él voy con mi (t)ropa.
[4] Situacionistas.
[5] Rimbaud.
[6] En algunas conversaciones de ebrios en Valparaíso, in illo tempore, me creí el inventor de esta frase.
[7] En un gran salón, tipo premiación oficial con podio sobre escenario de madera con telón de fondo a tono con la madera vitrificada, el viejo coyote remata su discurso con el siguiente dictum profético: Desde las cenizas de estos tres seres se levantará uno nuevo capaz de realizar el anhelo detrás de estas utopías. Nombraba qué parte de cada uno de los mostros se unía con la otra para dar vida a este nuevo ser, al que anunciaba inminente y que su ascenso haría lo que él no pudo, que le gustaría ser parte de él, pero que no sabia si lo vería. Al despertar de este sueño, después de haber leído este texto justo antes de dormir, traté de recordar todos los detalles, pero se me escapó la configuración de las partes, pero cada una complementaba o, mejor dicho, equilibraba a las otras. El resultado era armonioso y esta inminencia de la armonía electrificaba a todos los presentes allí. El viejo coyote habló de una forma tan solemne e hierática que lo desconocí. Al cruzarse nuestras miradas, comprendí que me hablaba.
[8] Según cuenta el mito, humilló en clases a Adolfo por su incorrecto hablar. Origen de su obsesivo antisemitismo.
[9] Esta descripción de la “ciudad Ideal”, me recuerda demasiado a la que desde un punto de vista ecológico hizo un entrevistado de Warken sobre Santiago, en Una belleza nueva. No recuerdo su nombre, salvo que es uno apellido ‘vinoso’.
[10] El miedo y el pánico son los grandes argumentos de la política moderna. Paul Virilio.
[11] De ahí el inconsciente, inconfesable e irreprimible deseo de muchos por conectarse todos los tubos a la Matrix.
viernes, diciembre 14, 2007
Manifiesto por el cambio global de la educación.
El medico psiquiatra chileno claudio Naranjo (75), formado en terapia gestáltica con el renombrado Fritz Perls, es el fundador del programa S.A.T. de Educación integral. Plantea aquí un ángulo nuevo desde el cual pensar la educación: el de la espiritualidad. Y habla de cuestiones hasta ahora poco conectadas en la practica: amor, integración, transformación y evolución. El manifiesto que él mismo redactó funciona como un llamado de atención sobre el modo de formar a las más jóvenes generaciones occidentales.
Estoy convencido de que la educación sea nuestra mejor esperanza, pero de ninguna manera la educación que tenemos. Puesto que tenemos una educación para que nuestra próxima generación se nos parezca, nos urge tener una educación que nos ayude a evolucionar –personal, y socialmente– para que podamos dejar atrás nuestras plagas”. Totila Albert
Gran parte de mi trabajo ha sido inspirado pro las ideas de Totila Albert, quien, yendo un poco más allá de Bachofen (historiador suizo que descubrió el matriarcado a fines del siglo XIX), planteaba que nuestra historia ha atravesado una etapa de nomadismo original, llamada “filiarcal”, en la que dominaron los valores de la juventud y la instintividad animal. Luego devino la etapa “matriarcal” del temprano neolítico, y, finalmente, comenzó la larga era del patriarcado, iniciada hace unos seis mil años. Albert planteaba también que estas tres formas de vida fueron la respuesta a las situaciones traumáticas del momento, y que ya seria hora de que nos convirtamos en hombres completos. Esto se traduce en una vida familiar, valores culturales y, sobre todo, un mundo interno en los que haya un equilibrio entre padre, Madre e Hijo. Así, Albert entreveía una era “de los tres”, que trascendiese la sociedad patriarcal, pero pensaba que sólo podría ser alcanzada tal sociedad sana a través de la realización de la plenitud “trinitaria” en el corazón de muchos. Esto entraña una idea que podría representarse como un cruce colectivo de un ‘mar rojo’ de la conciencia, que comprende un proceso de búsqueda, sanación e iluminación colectivas.
Así como él hablaba de una integración entre padre, madre e hijo en nuestra “familia interior”, yo he traducido su lenguaje de las tres “personas interiores” al de los tres amores: el eros, raíz del amor a sí mismo; el ágape, amor benévolo y materno que subyace al amor al prójimo; y filia, el amor respeto, que deriva del amor del niño hacia el padre.
En mi conferencia La civilización, un mal remediable, he explicado la “mente patriarcal” como un desequilibrio en el cual es exaltado el amor-respeto (que mira hacia los padres, las autoridades y los ideales), eclipsado y falsificado el amor materno e inconscientemente criminalizado el eros. En consecuencia de tal visión, lo que vengo proponiendo es una “educación trifocal”, como la llamé años atrás, durante una conferencia en la Casa Encendida de Madrid. Me refiero con este término ‘trifocal’, a que tal educación debería ir dirigida a las partes padre, madre e hijo de la mente. Por lo tanto, se puede agregar a la educación eminentemente intelectual que es común en la actualidad, “una educación del corazón”. Esto, por supuesto, sin olvidar el aspecto emancipatorio de la educación ni la relevancia de una educación para la felicidad (inseparable de la salud y la virtud). Me parece evidente que para la educación actual –en la que es más relevante pasar exámenes que comprender el mundo y la vida–, necesitamos que ayude también a la gente a conocer su mundo interno, y que deje de lado su orientación excesivamente tecnológica.
De esta manera, para lograr que esta educación sea así, necesitamos formadores especialmente preparados: será vital para la transformación de la educación, y por lo tanto, la transformación de los educadores a través de un proceso mucho más amplio y profundo que el proporcionado por las actuales escuelas de pedagogía. Tal formación de formadores, que apunta directamente a aquellos aspectos que “Salamanca non presta”, requiere de un método de educación transformadora eficiente y rápido. Este es, creo, mi mayor aporte y me siento como un campesino de cuento de hadas, que después de mucho tiempo de cultivar los frutos de su tierra y experimentando con toda clase de híbridos se encuentra con un tesoro: una planta cuyo jugo pudiera matar el dragón que está azolando la comarca. Creo haber inventado, casi sin quererlo, lo que hacía falta para una transformación rápida y masiva de la educación en el mundo occidental. No ignoro el hecho que esta ha sido una de las más retrogradas de nuestras instituciones, pero, sin embargo, albergo la loca esperanza de que pueda hacerse el milagro, en vista de que cada vez es más evidente que nuestra salvación depende de un cambio de conciencia, y que sólo la educación puede permitirnos inducir masivamente tal cambio evolutivo en el mundo.
Sé que está en nuestras manos educar seres más sabios, benévolos y libres de lo que nosotros hemos sido, y dejarles la tierra por herencia a nuestros hijos a través de un acto que nos haría salvadores de nuestras especie.
Texto aparecido en la revista Uno Mismo, n 213, septiembre 2007, págs. 58 y 59.
miércoles, diciembre 12, 2007
¡Omitikuye Oyasin!

La función crea el órgano. ¿Y la función quién la crea? La necesidad. ¿Y la necesidad? El problema.
La vida de una cosa es su ser. ¿Y qué es el ser de una cosa? Un ejemplo nos lo aclarará. El sistema planetario no es un sistema de cosas, en este caso, de planetas: antes de idearse el sistema planetario no había planetas. Es un sistema de movimientos; por tanto, de relaciones: el ser de cada planeta es determinado por, dentro de ese conjunto de relaciones, como determinamos un punto en una cuadricula. Sin los demás planetas, pues, no es posible el planeta Tierra y viceversa: cada elemento del sistema necesita de todos los demás: es la relación mutua entre los otros. Según esto, la esencia de cada cosa se resuelve en puras relaciones.
No es otro el sentido de la evolución en el pensamiento humano desde el Renacimiento hasta acá: disolución de la categoría sustancia en la categoría relación. Y como la relación no es una res, sino una idea, la filosofía moderna se llama idealismo y la medieval, que empieza en Aristóteles, realismo. La raza aria pura segrega idealismo: así Platón, así aquel indio que escribe en su purana: “Cuando el hombre pone en el suelo la planta, pisa siempre cien senderos”. Cada cosa una encrucijada: su vida, su ser es el conjunto de relaciones, de mutuas influencias en que se hallan todas las demás. Una piedra al borde de un camino necesita, para existir, del resto del universo.
Cada cosa concreta está constituida por una suma infinita de relaciones.
En el espíritu se ve más claramente que en la materia cómo el ser, la vida, no es sino un conjunto de relaciones. En el espíritu no hay cosas, sino estados. Un estado de espíritu no es sino la relación entre un estado anterior y otro posterior. No hay, por ejemplo, una tristeza absoluta, una cosa “tristeza”. Si antes sentía yo inmensa alegría, y ahora los motivos de alegría, aunque grandes, son menores, me sentiré triste. La tristeza y la alegría florecen una de la otra, son estados diversos de una misma cosa fisiológica, la cual, a su vez, es un estado de la materia o un modo de la energía.
Hemos visto que un individuo, sea cosa o persona, es el resultado del resto total del mundo: es la totalidad de las relaciones. En el nacimiento de una brizna de hierba colabora todo el universo.
¿Se advierte la inmensidad de la tarea que toma el arte sobre sí? ¿Cómo poner de manifiesto la totalidad de relaciones que constituye la vida más simple, la de este árbol, la de esta piedra, la de este hombre?
De un modo real esto es imposible; precisamente por esto es el arte, ante todo, artificio: tiene que crear un mundo virtual. La infinitud de relaciones es inasequible; el arte busca y produce una totalidad ficticia, una “como: infinitud.
Esto es lo que habrá experimentado el lector ante un cuadro ilustre o una novela clásica; nos parece que la emoción recibida nos abre perspectivas infinitas e infinitamente claras y precisas sobre el problema de la vida. El Quijote, por ejemplo, deja en nosotros, como poso divino, una revelación súbita y espontánea, que nos permite ver sin trabajo, de una sola ojeada, una anchísima ordenación de todas las cosas; diríase que de pronto, sin previo aprendizaje, hemos sido elevados a una intuición superior a la humana.
Por consiguiente, lo que debe proponerse todo artista es la ficción de la totalidad; ya que no podemos tener todas y cada una de las cosas, logremos siquiera la forma de la totalidad. La materialidad de la vida de cada cosa es inabordable; poseamos, al menos, la forma de la vida.
Sabemos que una cosa no es lo que vemos con los ojos; cada par de ojos ve una cosa distinta, y a veces en un mismo hombre ambas pupilas se contradicen.
Hemos asimismo notado que para producir una cosa, una res, forzosamente necesitamos de todas las demás. Realizar, por tanto, no será copiar una cosa, sino copiar la totalidad de las cosas; y puesto que esa totalidad no existe sino como idea en nuestra consciencia, el verdadero realista copia sólo una idea; desde este punto de vista no habría inconveniente en llamar al realismo más exactamente idealismo.
Pero la palabra idealismo padece también falsas interpretaciones; de ordinario, idealista es quien se comporta ante los usos prácticos de la vida con yo no sé que estúpida vaguedad y ceguera; es el que trata de introducir en el clima ambiente proyectos adecuados a otros climas, el que camina dormido por el mundo. Suele decírsele también romántico e iluso. Yo le llamaría imbécil.
Históricamente, la palabra idea procede de Platón. Y Platón llamo ideas a los conceptos matemáticos. Y los llamo así pura y exclusivamente porque son como instrumentos mentales que sirven para construir las cosas concretas. Sin los números, sin el más y el menos, que son ideas, esas supuestas realidades sensibles que llamamos cosas no existirían para nosotros. De suerte que es esencial a una idea su aplicación a lo concreto, su aptitud a ser realizada. El verdadero idealista no copia, pues, las ingenuas vaguedades que cruzan su cerebro, sino que se hunde ardientemente en el caos de las supuestas realidades y busca entre ellas un principio de orientación para dominarlas, para apoderarse fortísimamente de la res, de las cosas, que son su única preocupación y su única musa. El idealismo verdaderamente habría de llamarse realismo.
Cézanne, pintor, no dice nada distinto de lo que yo, estético, digo con palabras más técnicas. Cézanne: arte es realización. Yo: arte es individuación. Las cosas, las res, son individuos.
La realidad es la realidad del cuadro, no de la cosa copiada. El modelo del Greco para el retrato del Hombre con la mano al pecho fue un pobre ser que no logró individualizarse, realizarse a sí mismo, y se ha sumido en esa forma general que denominamos toledano del siglo XVII. El Greco fue quien, en su cuadro, lo individualizó, lo concretó, lo realizó para toda la eternidad. El Greco dio en el lienzo la última pincelada, y desde entonces una de las cosas más reales del mundo, de las cosas más cosas, es el Hombre con la mano al pecho.
¡Y esto es así, precisamente porque el Greco no copió todos y cada uno de los rayos luminosos que del modelo llegaban a su retina!
El arte tiene que desarticular la naturaleza para articular la forma estética. El medio de expresión de ésta no se reduce a los colores; el natural, el modelo, el asunto, las cosas, en una palabra, no son fines o aspiraciones de la pintura, sino medios simplemente; material, como el pincel y el aceite.
Lo importante es la articulación de ese material; esa articulación es una en la ciencia y otra en el arte. Dentro del arte, es una en la pintura y otra en la poesía.
La pintura interpreta el problema de la vida, tomando como punto de partida los elementos espaciales, las figuras. Aquella forma de la vida, aquella infinita totalidad de relaciones necesaria para constituir la simple vida de una piedra, se llama, en pintura, espacio. El pintor crea bajo su pincel una cosa, organizando un sistema de relaciones espaciales y dándole un puesto en él; entonces aquella cosa comienza a vivir para nosotros.
El espacio es el medio de la coexistencia; si a un mismo tiempo existen varias cosas, débese al espacio. De aquí que cada pincelada en un cuadro tenga que ser el logaritmo de todas las demás; de aquí que un cuadro es tanto más perfecto, cuanto más referencias haga cada centímetro cuadrado del lienzo al resto de él[1]. Es la condición de la coexistencia, la cual no se reduce a un mero yacer una cosa junto a otra. La tierra coexiste con el sol, porque sin la tierra el sol se desbarataría, y viceversa; coexistir es convivir, vivir una cosa de otra, apoyarse mutuamente, conllevarse, tolerarse, alimentarse, fecundarse y potenciarse.
Es menester, pues, que el cuadro se halle presente y activo en cada una de sus porciones; el arte es síntesis merced a este poder particular y extraño de hacer que cada cosa penetre a las demás y en ellas perdure.
La construcción de la coexistencia, del espacio, necesita de un instrumento unitivo, de un elemento susceptible de diversificarse en innumeras cualidades, sin dejar de ser uno y el mismo. Esta materia soberana de la pintura es la luz.
El pintor crea la vida con la luz, como Jehová al comienzo de la génesis. No se olvide que a cada creación particular, según el libro, dios vio que era buena. Se imagina al Hacedor retirándose y entornando los ojos para obtener una visión más enérgica, más objetiva e imparcial de su obra: gesto de pintor.[2]
La pintura es la categoría de la luz.
Lo dicho anteriormente aparecerá más fecundo si comparamos la pintura con otro arte: la novela.
La novela es un genero poético, cuyas épocas de germinación, progreso y expansión corresponden exactamente a análogos estadios de la evolución pictórica. Pintura y novela son artes románticos, modernos, nuestros. Maduraron como frutas del Renacimiento, es decir, como expresiones del problema del individuo, característico del Renacimiento.
En los siglos XV y XVI se descubre el interior del hombre, el mundo subjetivo, lo psicológico. Frente al mundo de las cosas fijas, firmemente asentadas en el espacio, surge el mundo fugaz de las emociones, esencialmente inquieto, fluyente en el tiempo. Este reino vital de los afectos hallo, el punto, su expresión estética: la novela[3].
La sustancia última de la novela es la emoción; las novelas no están ahí para otra cosa que para revelarnos las pasiones de los hombres, no en sus manifestaciones activas y plásticas no en sus acciones –para esto bastaba el poema épico–, sino en su origen espiritual, como contenidos nacientes del espíritu. Si la novela describe los actos de los personajes y aun el paisaje que les rodea, es sólo para explicar y posibilitar la sugestión directa de los afectos interiores a las almas.
Pero la vida de nuestro espíritu es sucesiva, y el arte que la expresa teje sus materiales en la apariencia fluida del tiempo. La convivencia de las almas se verifica sucesivamente: unas vierten en otras su contenido más íntimo y de estas otras pasa a otras nuevas; así se ponen en relación unos corazones con otros. Por eso el principio unitivo que emplea este arte temporal es el diálogo.
En la novela el dialogo es esencial, como en la pintura la luz. La novela es la categoría del diálogo.
Recorra el lector la historia de la novela: en la Grecia clásica sólo existen narraciones de viajes, lo que llamaban teratologías. Si queremos buscar algo verdaderamente helénico donde pueda hallarse en germinación la novela, sólo encontramos los diálogos platónicos, y, en cierto modo, la comedia. En contraposición a la épica, la novela se refiere a la actualidad; la narración para el griego había de proyectar siempre sus temas sobre el fondo matriz de las viejas edades místicas; la narración es leyenda. Sólo una cosa hallaron digna de ser descrita como actual: la conversación, el cambio de afectos de hombre a hombre.[4]
La novela acaba de nacer en España; La Celestina es el último ensayo, el último esfuerzo de orientación para fijar el género. Cervantes, en el Quijote, además de otros tremendos donativos, ofrece a la humanidad un nuevo género literario. Ahora bien: el Quijote es un conjunto de diálogos. Tal vez esto dio motivo a discusiones entre los retóricos y gramáticos de su tiempo; certifique quien sepa de estas materias si puede referirse a algo parecido lo que Avellaneda dice al comienzo de su prólogo: “Como casi es comedia toda la Historia de Don Quijote de la Mancha...”.
La luz es el instrumento de articulación en la pintura, su fuerza viva. Esto mismo es, en la novela, el diálogo.
Creo que lo antedicho nos servirá para distinguir claramente entre lo que cada arte está llamado a expresar y los medios que emplea para la expresión; en una palabra, entre el tema ideal y la técnica.
La vitalidad en su forma espacial se nos ofrecía como aspiración radical de la pintura; la luz, como un instrumento genérico.
En todo arte es importante esta distinción entre la técnica y la finalidad estética, pero en pintura mucho más. Una advertencia vulgarísima nos explicará por qué.
Si tomando en su conjunto de un lado la historia de la pintura y de otro la de la literatura, comparamos el número de obras reconocidas como admirables por los críticos de uno y otro arte, nos hallamos con un hecho bruto que merece alguna justificación, si no ha de quedar incomprensible. A saber: el desequilibrio excesivo entre la abundancia de aciertos pictóricos del hombre y la exigüidad de sus aciertos literarios. Resulta que la humanidad ha ejecutado muchos más cuadros bellos, que compuesto obras poéticas fuertes.
Yo me resisto a creer que haya sido así. Unos y otros, críticos de pintura o críticos literarios, se han equivocado, y, a mi entender, el error corresponde, en este caso, a los más benévolos. La critica pictórica se ha excedido en la alabanza, seducida por una confusión entre el valor estético y el acierto técnico.
En pintura la técnica es sumamente compleja y sabia; el mecanismo productor de un cuadro es, si se compara con el instrumento literario –el idioma–, mucho menos espontáneo, más remoto de los medios naturales que emplea el hombre en los usos cotidianos del vivir. De otro modo: entre el Quijote y una conversación vulgar hay mucha menos distancia de complejidad técnica que entre un dibujo de Remdrandt y las líneas que una mano ingenua pueda trazar sobre un papel, para fijar la impresión de una fisonomía o de un paisaje. Merced a esto, en pintura la técnica ha llegado a sustantivarse, a levantarse con la exigencia de que se les otorguen los honores de contenido artístico, siendo como es mero material. ¿Cuántos cuadros esencialmente antiestéticos no viven en la loa de la historia del arte por pura virtud y gracia de su técnica paciente, erudita, tenaz? Si fuéramos a revisar las glorias de la pintura con perentorias demandas de puro arte sustancial, todo el piso bajo ella –el retrato- quedaría fuera de nuestra admiración, sin más excepciones que las de aquellos retratos que no lo fueran realmente, sino verdaderas composiciones, cuadros completos. Según todas las probabilidades, había de ocurrirnos lo propio con el paisaje y con el cuadro de historia, que suele ocultar, bajo la pompa cromática de los trajes, una triste mendicidad pictórica.
¿Será esto decir que el pintor haya de desentenderse de preocupaciones técnicas? Claro está que no; primero habrá de pintar de la mejor manera del mundo. Sólo quisiera dar a entender que después de pintar admirablemente, el pintor debe comenzar a hacerse artista. En la crítica momentánea es necesario conceder al punto de vista técnico la suprema instancia del juicio, porque esa crítica, más que un fin estimativo, tiene un sentido pedagógico; pero mirando los planos enormes de la historia toda de un arte, ¿qué quiere decir el bien pintado de unas manos o la caprichosidad de una línea?
Dentro del sentido que levan estos párrafos aparece desde luego como mucho más importante determinar qué debe pintarse: el cómo deba pintarse es cuestión secundaria, adjetiva, empírica, que acudirán a contestar con respuestas divergentes cien escuela y mil pintores.
Una consecuencia sacamos, sin embargo: puesto que se pinta con la luz y en la luz, la pintura no tiene para qué pintar la luz. Vaya ésta como crítica de todo luminismo que eleva el medio artístico a fin pictórico.
Entonces, ¿qué ha de pintarse?
Hemos visto que no han de pintarse ideas generales. Un cuadro no puede ser un trampolín que nos lance súbitamente a una filosofía. Por muy buena que sea, la filosofía que un cuadro pueda ofrecernos es forzosamente mala. La filosofía tiene su expresión propia, su técnica propia, condensada en la terminología científica, y aun ésta le viene muy escasa. El mejor cuadro es siempre un mal silogismo.
El cuadro ha de ser, en toda su profundidad, pintura; las ideas que nos sugiera han de ser colores, formas, luz; lo pintado ha de ser vida.
Y ahora tráigase a la memoria cuanto he dicho para dar a este pobre concepto de vida fluidez estética. Vida es cambio de sustancias; por tanto, convivir, coexistir, tramarse en una red sutilísima de relaciones, apoyarse lo uno en lo otro, alimentarse mutuamente, conllevarse, potenciarse.
Pintar algo en un cuadro es dotarlo de condiciones de vida eterna.
Imaginaos delante de una obra a la moda. Sus figuras incitan nuestra fantasía al movimiento, nos conmueven, viven para nosotros. Pasan cincuenta años y aquellas figuras, ante las pupilas de nuestros hijos, permanecen mudas, quietas, muertas. ¿Por qué han muerto ahora? ¿De qué vivían antes? De nosotros, de nuestra sentimentalidad momentánea, periférica, pasajera. Aquellas figuras románticas se alimentaron de nuestro romanticismo, yerto éste, se murieron de hambre y sed. El arte a la moda es fugaz por esto: vive de espectador, ser efímero, que cambia a poco, condicionado por la época, por el día, por la hora. El arte clásico no cuenta con el espectador: por eso nos es más difícil llegarnos íntimamente a él.
El pintor excelso ha puesto siempre en su cuadro no sólo las cosas que quiso o le convino copiar, sino un mundo inagotable de alimentos para que esas cosas pudieran perdurar en la vida eterna, en perpetuo cambio de sustancias. La conquista de lo que se ha llamado “aire”, “ambiente”, es un caso particular de esa exigencia incalculable.
Los egipcios miraban la muerte como una manera de la vida, como una existencia virtual de los seres más allá de lo visible. Por eso, para facilitarles esa nueva vida, convertían los cadáveres en momias y encerraban con ellos, en las mastabas, toda suerte de alimentos.
Esto ha de pintar el pintor: las condiciones perpetuas de vitalidad. Esto han hecho todos los pinceles heroicos.
En el hombre la vida se duplica: sus gustos, sus miembros, son a un tiempo, vida espacial y signos de vida afectiva. La pintura se integra en el cuerpo humano; a través de él penetra en su dominio, bajo el imperio de la luz, todo lo que no es inmediatamente espacio: las pasiones, la historia, la cultura.
El tema ideal de la pintura es, en consecuencia, el hombre en la naturaleza. No este hombre histórico, no aquel otro: el hombre, el problema del hombre como habitante del planeta. Reducir este problema a un tipo nacional, por ejemplo, es rebajarlo a las proporciones de una anécdota.
¿Será, pues, una extravagancia decir que el tema genérico, radical, prototípico de la pintura es aquel que propone el Génesis en sus comienzos? Adán en el Paraíso. ¿Quién es Adán? Cualquiera y nadie particularmente: la vida.
¿Dónde está el Paraíso? ¿El paisaje del Norte o el del Mediodía? No importa: es el escenario ubicuo para la tragedia inmensa del vivir, donde el hombre lucha y se reconforta para volver a luchar. Ese paisaje no necesita árboles sugestivos, ni “dolomitos”, como la Gioconda; puede ser, como en la Crucifixión del Greco, un palmo de tinieblas a cada lado de la cabeza dolorosa del Cristo. Aquellas tinieblas brevísimas –como dice un crítico- podían considerarse extendidas por toda la Tierra. Son lo bastante para que las sienes redentoras sigan perpetuamente viviendo la muerte de un crucificado.
* * *
J. O. y G. Mayo 1910
[1] Por eso es que los mejores cuadros son sobre mitos o hacen referencia a ellos, ya que como relatos cumplen esta misma característica: densidad infinita de relaciones simbólicas no contradictorias. Esa ‘definición’ de mito se la escuché al Prof. Díaz en Una nueva belleza. Fue profesor del Wladimir.
[2] Carezco de la comprobación si ya en la época de Gasset se sabía que la ilusión de perspectiva sólo es posible entre quienes aprendieron a leer alfabéticamente, pues para distinguir cada letra hay que enfocar la vista levemente por encima de la superficie donde esta ‘dibujado’ el signo. Para quienes no, cualquier cuadro con dicha ilusión es ‘invisible’. Ergo, gesto de pintor “letrado”. La génesis bíblica sólo es posible después del origen del alfabeto, posterior a las tablas de la ley mosaicas.
[3] 06/12/07 05:21:08 p.m. ¡Eureka! Satori. Recién Ahora vengo a comprender porqué en Las Meditaciones del Quijote (1914) este pepe viene a decir que la novela tiene por único tema la ‘caída’ del héroe, de la tragedia al borde mismo de la comedia. Dado que lo subjetivo es el error, como sostiene en su ensayo sobre Renán, al tener este aspecto la supremacía, sólo cabe dicho resultado. Pero no se confunda la‘trágica’ derrota del héroe con su ‘cómica’caída. La primera es el resultado del cumplimiento de su tarea, más conocido como ‘destino’ (elegido libremente, tal como él subraya); la segunda es su frustración, su aborto, dados los múltiples errores de apreciación de alguien que quiso ser heroico, pero ni siquiera comenzó, dada su falta de ‘objetividad’. De ahí el llamado de atención a los ‘idealistas’, tratándolos de imbéciles. La tragedia se desencadena después de obtenido el ‘objetivo’, la comedia se ríe ante la imposibilidad de obtenerlo. He ahí la diferencia entre Ulises y don Quijote: el primero acabó con Troya, el segundo no fue acabado por los molinos sólo para seguir riéndonos de él. ¡15 años para entender el principio! Sólo puedo reír. Dicho sea de paso, los molinos a los cuales se refirió Cervantes, no eran los de las postales machegas, sino los que introdujeron los Hausburgos (austriacos) al monopolizar la producción de aceite de oliva. El Quijote es el primer anti globalización.
[4] Disculpa esta intromisión, pero hay párrafos que parecen el abstract de tesis completas. Trata de imaginar las ganas que me aguanto por apuntar el sentido de algunas como: ¿Qué tiene que hacer la palabra Teratología (estudio de los monstruos) en el mismo párrafo donde se menciona “el cambio de afectos de hombre a hombre”? Este párrafo condensa la esencia de lo ‘helénico’. No resistí la tentación sólo para ilustrar lo que me produce el resto del texto. ¿Lo habrá hecho adrede? Jajaja.
lunes, diciembre 10, 2007
ALGO SOBRE EL TZOLKIN.
En el lenguaje Maya Tzolkin significa “Cuenta de los Días”. El Tzolkin, es una matriz de energía radiante, que combina trece frecuencias llamadas tonos y veinte arquetipos de energía, llamados sellos. Esta combinación crea la frecuencia universal del Tiempo 13:20.
En la matriz de 260 unidades, Tzolkin, plasmando en su interior existe una figura binaria, simétrica de dos “cargas” o “flujos energéticos” de 26 unidades cada uno, llamados Portales de Activación Galáctica. Esta figura representa la dinámica de la energía universal, este es el “código galáctico” de la vida universal. Contiene distintos niveles de información, que pueden llevarnos a profundos ciclos de pensamiento, necesarios para “reformular” la mente.
La realidad biológica, conocida como código genético, o los 64 codones del ADN, es informada por esta frecuencia de Tiempo.
Este diseño es conocido como el “Telar de las Trece Lunas”, ya que consta de trece conjuntos de cuatro kines cuyos tonos sumados equivalen a 28. Los llamados cuartetos ocultos contienen la clave numérica que demuestra que el año Solar, u orden cíclico, con sus 28 días, cuatro semanas por Luna y 52 semanas por año, está contenido dentro de esta matriz u orden Sincrónico del Tiempo de 260 días.
La cuenta de 260 kines es un “Giro Galáctico”, un fractal de los 26.000 años que tarda nuestro Sol en dar una vuelta alrededor de Alcione, el Sol Central de las Pléyades.
EL Encantamiento DEL SUEÑo, REPRESENTACIÓN PRÁCTICA DEL SAGRADo TZoLKIN.
El viaje de la nave del Tiempo Tierra 2013, es un juego de herramientas para despertar la conciencia del nuevo Tiempo. Jugando podemos conectarnos con el mundo interno y recuperar todo nuestro potencial, logrando la sincronización como raza humana, unificándonos con la verdadera frecuencia de la naturaleza 13:20, en donde el “Tiempo es Arte”.
El juego del Encantamiento del Sueño es sólo para “recuperar la memoria”. No hay nada que aprender, sólo tienes que sentir y recordar:
¿Quién eres? ¿A dónde vas? ¿Cual es tu misión?
Recordar qué energía tiene cada Ser, cada día, cada Luna, cada año.
Cuando el hombre pierde su contacto con el mundo de lo intangible y se hace materialista y práctico, su vida entra en una especie de hibernación, sueño. Ahora se trata de “encantar”, despertar de ese sueño, para obtener plena conciencia de él, porqué estamos en este mundo.
Encantar: Significa obrar maravillas por medio del pensamiento.
El Encantamiento del Sueño no es una religión, ni un rito, tampoco es un horóscopo y no se contrapone a la propia fe. Contiene un conjunto de códigos que demuestran las matemáticas radiales de la cuarta dimensión, el Tiempo.
El propósito de este juego es radializar nuestra mente, preparándonos para el próximo paso evolutivo que es mental y espiritual.
Basado en la Ley del Tiempo, su fin es proporcionarnos los lineamientos completos para nuestra reorganización social. En la cuarta dimensión del Tiempo, la forma social y el orden telepático son una unidad.
Conociendo el tzolkin
Ondas encantadas y trayectorias armónicas.
La Onda Encantada de 13 días es una función del Giro Galáctico de 260 Kines. Hay 20 Ondas Encantadas en un TZOLKIN.
Una Trayectoria Armónica está representada por cada columna de esta matriz, es una cuenta de 20 Kines, un Giro Galáctico está compuesto de 13 Trayectorias Armónicas, 260 kines.
ONDA ENCANTADA.
Onda: Poder de movimiento en todas las cosas.
Encantada: Poder al que se puede acceder estando en armonía con el universo.
Estructura básica del Tiempo, que contiene todas sus cualidades, la cosmología del Tiempo cuatridimensional.
La onda encantada expresa la propiedad fractal del Tiempo, es un estándar de medida, una constante de 13 unidades.
Cada uno de estos trece números, es un tono, una frecuencia vibracional, un “poder creativo”, cuya secuencia describe un proceso de creación continuo y ascendente.
Cada tono equivale a un Kin, que es una unidad de medida de la cuarta dimensión. La mínima expresión de un Kin es un día y una noche, por lo tanto este es el ciclo más pequeño de una onda encantada que dura, 13 días.
Un Kin puede ser un día, una Lunación, un año, cien años, mil años.
En la cuenta de las trece Lunas la onda encantada, equivale a un año de 364 días más uno, donde cada Kin equivale a 28 días, esto se denominará una onda encantada de “servicio planetario”. Donde la base son cuatro semanas de 7 días.
LOS CUATRO COLORES.
Cada color representa un punto cardinal y un poder creativo. Los cuatro colores codifican las razas raíces del planeta y las cuatro semanas de cada Luna.
ESTE – ROJO.
Lugar de Generación de Luz. Inicia la Sabiduría, el conocimiento y la memoria.
Nota clave: NACIMIENTO. Raza roja, Americana.
Frase de la semana ROJA, que son los primeros 7 días de cada luna: El conocimiento inicia la Visión.
NORTE – BLANCO.
Lugar de Sabiduría y Purificación de Luz. Refina, profundiza en búsqueda de la Verdad.
Nota clave: ESPÍRITU. Raza blanca, europea.
Frase de la segunda semana BLANCA: La humildad refina la Meditación.
OESTE – AZUL.
Lugar de Transformación de Luz. Transforma, traduce, transmuta, produce Alquimia.
Nota clave: ABUNDANCIA. Raza negra, africana.
Frase de la semana AZUL: La paciencia transforma la Conducta.
SUR – AMARILLO.
Lugar de Vida y Expansión de Luz. Maduración del ser interno a través del Servicio y la Entrega, produciendo el máximo esplendor. Nota clave: FLORECIMIENTO. Raza amarilla, asiática.
Frase de la semana AMARILLA: El poder madura el Fruto.
LAS FAMILIAS.
Cada familia comparte un mismo código de notación que establece la resonancia con nuestros cinco centros “psico físicos” y simultáneamente estabiliza el campo gravitacional de la Tierra en sus cinco bandas, de allí el nombre de familias terrestres.
FAMILIA POLAR: Código raya. Recibe. Centro, la Corona, Polo Ártico.
Integrada por: Serpiente, Perro, Águila y Sol.
Función: Inicia las cromáticas.
FAMILIA CARDINAL: Código de un punto. Transmite. Centro Laríngeo, Hemisferio Norte.
Integrada por: Dragón, Enlazador de mundos, Mono y Guerrero.
Función: Establece el génesis.
FAMILIA CENTRAL: Código de dos puntos. Transduce. Centro Cardiaco, Región Ecuatorial.
Integrada por Viento, Mano, Humano y Tierra.
Función: Cavan los túneles.
FAMILIA SEÑAL: Código de tres puntos. Recibe. Centro Plexo Solar, Hemisferio Sur.
Integrada por: Noche, Estrella, Caminante del Cielo y Espejo.
Función: Descifrar el misterio.
FAMILIA PORTAL: Código de cuatro puntos. Transmite, Raíz, Polo Antártico.
Integrada por: Semilla, Luna, Mago y Tormenta.
Función: Abrir los portales, son los portadores de los años.
QUINTA FUERZA GALÁCTICA.
El Umbral Galáctico es tu Destino de vida, la vibración de tu alma.
Esta energía, se interrelaciona con otras cuatro para formar el " átomo de luz" que somos.
Estas son: Kin Guía, Kin Análogo (o pareja planetaria), Kin Antípoda (desafío) y Kin Oculto.
El Kin Guía es la vibración de tu espíritu, la fuerza que impulsa.
El Kin Análogo, pareja planetaria, es la energía más afín, que nos ayuda a crecer como almas. En sus números, tu Umbral más el Kin Análogo, suman 19. Ejemplo: Si tu Umbral es 5 (serpiente), el Kin Análogo es 14 (mago).
El Kin Antípoda, desafío, es la energía que acompaña en estado latente y que, cuando se activa nos ayuda a evolucionar. En sus números, tu Umbral y el Kin Antípoda se diferencian en 10. Ejemplo: si tu Umbral es 5, el Kin Antípoda es 15.
El Kin Oculto es la energía que subyace en lo profundo y sobre la cual no ejercemos control, manifestándose si es necesaria y se dan las condiciones. En sus números, tu Umbral más el Kin Oculto, suman 21 . Ejemplo: Si tu Umbral es 5 (Serpiente), el Kin Oculto es 16 (Guerrero).
La quinta Fuerza es el escudo de energía que codifica el Día, formado por el Umbral Galáctico, al centro y sus relaciones vibratorias resonantes. Una conjunción de cinco fuerzas en forma de cruz, que entretejen la información desde la quinta dimensión o fuerza galáctica y definen la misión del día, así como también las cualidades de sus relaciones.
Estas relaciones vibratorias están, también, planteadas en los colores, que crean tipos entre sí:
Relación antípoda: Se oponen y desafían para fortalecer la memoria.
Rojo – Azul / Blanco – Amarillo.
Relación análoga: Van juntas y dan refuerzo, son las parejas planetarias.
Rojo – Blanco / Azul – Amarillo.
Relación oculta: Representan factores inesperados o escondidos.
Rojo – Amarillo / Azul – Blanco.
Relación guía: Representada por el mismo color que entona y refuerza la misión de la raza.
EL HAAB Y LA CUENTA DE LOS UINALES.
El Haab, calendario Civil de los Maya, es una cuenta que ordena el año Solar en 18 ciclos de 20 días cada uno llamados Uinales y un pequeño ciclo de 5 días llamado Uayeb. Sirve para coordinar los dos ordenes del Tiempo. El orden cíclico, al tener en cuenta el año Solar de 365 días, y el orden sincrónico al mantener la cuenta de 20 días, la trayectoria de los 20 sellos Solares.
Sintonizando el primer día del año con los Glifos Maya que componen la familia Portal, estos son: la Luna roja, el Mago blanco, la Tormenta azul y la Semilla amarilla, según lo menciona la profecía del Chilam Balam, estos son llamados "Portadores de año".
LOS 7 PLASMAS RADIALES.
Los plasmas radiales son fluidos de energía muy sutil desprendidos de los núcleos estelares. Interconectan los distintos planos dimensionales y dirigen la evolución del sistema Solar. Son conducidos al núcleo de los distintos planetas a través de sus polos, activando el desarrollo genético de la evolución de la vida planetaria.
Están representados en siete sellos o símbolos con diferentes cualidades lumínicas y telepáticas que calibran los siete centros energéticos llamados Chakras. Estos centros o Chakras, se encuentran alineados en el cuerpo a través de la columna vertebral.
Los plasmas nos conectan con distintos niveles de la mente y estimulan la telepatía, permitiéndonos mejores percepciones y expansión de la conciencia, alineando nuestro Cuerpo Lumínico con el Cuerpo Lumínico del planeta. A esto se le denomina resonancia Holonómica (cuerpo y alma).
Su visualización y contemplación activa la apertura telepática y la liberación del arquetipo energético contenido en cada símbolo.
Los siete plasmas radiales originan el “Átomo Telepático del Tiempo”.
Este patrón es conocido como el “Heptágono de la Mente”. Esta construcción mental se realiza a través de dos Quantums, y un agente catalítico. EL primer Quantum es Sensorial, y está codificado por los plasmas DALI (Chakra Corona), SELI (Chakra Raíz) y GAMMA (Chakra Tercer Ojo). El agente catalítico se codifica en el plasma KALI (Chakra Sexual). El segundo Quantum es Telepático y se codifica en los plasmas ALPHA (Chakra Laríngeo), LIMI (Chakra Plexo Solar) y SILIO (Chakra Corazón).
Estas energías se conocen, ahora, como los días de la semana, con el fin de activar nuestro cuerpo sutil, diariamente, cuatro veces por Luna, 13 lunas al año.
PRÁCTICA DE SERVICIo PLANETARIo.
¿QUE NECESITA LA TIERRA DE NoSoTRoS?
Necesita que aportemos a la estabilización de sus campos de resonancia, creando un campo unificado de consciencia en el Tiempo.
¿Cómo Podemos Hacerlo?
El Encantamiento del Sueño nos brinda un conjunto de ejercicios telepáticos. Siguiendo la cuenta de las trece Lunas, cada día (Kin) activa una zona de nuestro planeta y uno de nuestros centros biopsíquicos simultáneamente, seguir la Cuenta de los Días es ingresar a la práctica del Mago de la Tierra, la sincronía del Hombre con el Sol que alumbra la vida.
Ficha de auto conocimiento.
La cuenta de las Trece Lunas conserva un orden que es perpetuo y constante a lo largo de tu vida.
· ¿Cual es tu Sello Solar?
· ¿Cual es tu Tono Galáctico?
· ¿Cual es tu Número de Kin?
· ¿Cual es tu Onda Encantada?
· ¿Cual es el Poder de tu Onda Encantada?
· ¿Cual es tu Familia Terrestre?
Localiza en el calendario tu Fecha de Cumpleaños Gregoriana y 13 Lunas.
· ¿Cual es tu Día de nacimiento en las 13 Lunas?
· ¿Cual es tu Luna de nacimiento?
· ¿Cual es tu Plasma de nacimiento?
· ¿En qué semana naciste, número, color?
A lo largo de los años lo que varía son los sellos Solares, con cada cumpleaños transitamos uno de los sellos de nuestra familia siguiendo una secuencia de color y de tono, cuando cumplimos 52 años, vuelve nuestro Kin de nacimiento.
· ¿Cual es tu Kin para este Año? (ve el día de tu cumpleaños en la Bitácora).
· ¿A que onda encantada pertenece?
· ¿Cual es tu quinta fuerza para este año?
viernes, diciembre 07, 2007
Mago Lunar Blanco se Encuentra con Cresta de Garuda de Hierro Negro.

“Y ellos creyeron, así que les permitimos gozar de su vida por un rato.”
- Corán, Sura 37: 147-148
Mientras retenía su aliento, sintonizando la periferia subliminal de su lúcida conciencia, una sombra cayó sobre sus ojos. Exhalando lentamente a través de sus labios ligeramente separados, mientras extraía la impresión telepática, él miró. Allí ante él estaba un extraño ser, o así pensó.
Dos fuertes piernas, con pies como de halcón gigante, una capa magníficamente emplumada, o así parecía, y una cara muy interesante, siendo la característica más prominente una nariz que ni siquiera se parecía al pico de un ave fantástica. Unos ojos profundos, destellando fieramente, y con una salvaje mirada clavada bajo una gran cabeza de hierro negro. Era Cresta de Garuda de Hierro Negro, o por lo menos su doble proyectado, inmenso, sobresaliente y maravilloso.
Mago Lunar Blanco estaba muy complacido del encuentro, y con un vigoroso “¡Hey, hola!” se paró sobre sus pies. Aun así, él tenía que mirar comoquiera hacia arriba para tener una buena vista del gran ser que lo encaraba ahora. “¿Y qué pudiera ser lo que te trae fuera del Anillo Solar, Gran Señor del Tiempo?”, preguntó Mago Lunar Blanco, entrecerrando sus ojos para tener una mejor visión de esta maravillosa criatura.
Cuando abrió su aparato en forma de pico para hablar, salieron unos fuertes sonidos, rugientes y presurosos, casi melodiosos, aunque también fieros y gruñentes. Al mismo tiempo, en su mente, Mago Lunar Blanco recibió el más asombroso mensaje telepático:
“Estoy proyectando esta forma para ti de acuerdo a tu capacidad para percibir, ¡oh Mago! Porque si tú pudieras verme verdaderamente en mi esencia, difícilmente podrías ser capaz de soportarlo. Sería como recibir una descarga eléctrica de varios millones de voltios. Pero vengo a ti con un mensaje del Consejo de los Nueve de Sirio.
“Como sabes, siendo un portador del conocimiento siriano del tiempo, tú tienes una gran responsabilidad. Tú te apareces, por supuesto, cada 52 años. Esto es por qué tu responsabilidad es aun mayor, y en esta aparición, estás encomendado con un profundo deber. Debes empezar ahora a preparar el Heptágono de la Mente Interno, para que cuando ese tiempo llegue, una vez que arribe tu hermano, Mago Rítmico Blanco, esté todo listo para que él empiece a reunir los 144,000 y sus semillas remanentes, en dondequiera que puedan estar.”
“¿Y cómo lo voy a hacer?”, Mago Lunar Blanco podía oír su voz a lo lejos.
Una vez más, vinieron de Cresta de Garuda de Hierro Negro unas extrañas, casi terroríficas, aunque hipnóticas declaraciones. Simultáneamente la suave y melodiosa voz telepática continuó su mensaje en la mente de Mago Lunar Blanco.
“Debes entrar en la meditación del cubo. Debes construir el cubo de seis, el cubo 216, y colocarlo alrededor de la Tierra. El Samadhi del cubo es requerido de ti. Después de cada día 28, habrás de renovar el cubo, y habrás de reunir contigo a tantos como puedas para mantener el Samadhi del cubo. Esta es la única forma en que podemos mantener a la Tierra en su marco espaciotemporal sin que se rompa en pedazos. Una vez que hayas mantenido esto en su lugar, permanecerá, permitiendo que cada cubo sucesivo de cada año sucesivo sea construido adentro del cubo maestro del seis.
“Esto es llamado cubicando el desafío. Porque ahora la confusión y la ignorancia están incrementándose rápidamente, el cambio climático está fuera de control, y el potencial para la destrucción absoluta es tan grande, que sólo mediante estos medios invisibles podremos mantener a Velatropa 24.3 en su lugar hasta el cierre del ciclo.
El calmo y firme Samadhi que mantengas en este proceso es absolutamente esencial, porque con cada cubo sucesivo para los siguientes cuatro años, la locura y conflicto interno se incrementarán, provocando más y más actos de insania. Con cada cubo habrá menos espaciotiempo para que más gente elabore los niveles aun mayores de confusión, hasta que ese sistema se colapse. Y cuando lo haga, todos estaremos felices de que hayas establecido el cubo maestro porque estará todavía allí, manteniendo en su lugar a la matriz espaciotemporal de este planeta. Luego, cuando pasemos a través del ojo de la aguja, ahí estará para lanzar la matriz original desde el núcleo solar a la noosfera, ¡originando una nueva raza una vez más!”
“¡Sí señor!”, gritó fuertemente Mago Lunar, deseoso de cumplir su desafío. Tan pronto como sus palabras salieron de su boca, la aparición de Cresta de Garuda de Hierro Negro empezó a disolverse. Todavía flotando, pero totalmente transparente ahora, Cresta de Garuda de Hierro Negro hizo una declaración más, antes de desaparecer completamente:
“Llámalo Cubicando el desafío, oh noble Mago. ¡Sé como un imán! Atrae hacia ti a los otros que ayudarán a mantener la meditación del cubo 216 alrededor de V.24.3, cuando ellos puedan.”
Escalando de nuevo la colina, moteada de flores de la temprana primavera, Mago Lunar Blanco regresó a su cueva. En unos cuantos momentos él había tomado su posición de meditación. Con una intensa y lúcida concentración, visualizó cuidadosamente al planeta en su órbita, y proyectó el cubo 216 alrededor de él, un fino, casi invisible pero ligeramente brillante cubo de proporciones monumentales que mantenía junta la matriz espaciotemporal del planeta fortificado. En el centro del cubo, manteniéndolo constante, él visualizó el planeta como un electrón solar rotando velozmente sobre su eje a medida que orbitaba su estrella nuclear.
Al mismo tiempo, mediante su capacidad multidimensional, él empezó a enviar unas corrientes continuas de ondas mentales magnéticas, sabiendo que algunas de ellas alcanzarían a unos blancos receptivos. Una dejaría una marca en los campos. Otras entrarían en los receptores telepáticos de seres selectos. Pronto, él no estaría solo en cubicar el desafío. La partícula de Dios del electrón solar estaba en camino de convertirse en un plenamente consciente Elemento del Gran Plan.
jueves, diciembre 06, 2007
Líderes: ¿temor o empatía?
Profesor asociado de conducta organizacional del London Business School.
Tal como lo demuestra la evidencia, la parte más importante del trabajo de todo Gerente General consiste en seleccionar y administrar al equipo de la plana mayor. Lo anterior responde a varias necesidades, tales como la de recibir información confiable por parte de los demás gerentes para poder tomar decisiones acertadas, contar con el apoyo de la plana mayor para llevar a cabo cambios a gran escala, y tener la certeza que aunque cambien los gerentes perdurará el legado de la empresa, es decir, sus principios y prácticas.
En el acelerado mundo de los negocios de hoy en día, no es difícil que los rivales logren imitar productos, estrategias de marketing e incluso procesos de fabricación. Sin embargo, lo que no pueden imitar es la sana interacción de las personas, característica esencial de todo equipo de gerentes de la plana mayor que se precie de un desempeño a más alto nivel. Tal como señala Donald Campbell de la Universidad del Estado de Pennsylvania en un artículo de1987, un equipo gerencial de máximo nivel que sistemáticamente logra identificar, escoger e implementar estrategias de éxito, constituye la mayor ventaja de una empresa, pues no es algo que los competidores puedan imitar fácilmente. ¿Pero cómo suelen dirigir los gerentes generales a sus equipos? ¿Existen ciertas estrategias que funcionen mejor que otras? Por mi parte, he llegado a varias conclusiones importantes como consecuencia de una serie de investigaciones que he realizado sobre el tema en los últimos diez años.
Un estilo de administración personal.
La mayoría de los gerentes generales posee una sólida noción acerca de cuál es la mejor manera para dirigir a un equipo. Cuando se encuentre mayormente libre de interferencias externas, el gerente general implementará sus planes con rapidez y a cabalidad. Su estilo gerencial se basará tanto en los años de experiencia como en sus gustos personales.
Los equipos gerenciales de la plana mayor tienden a dividirse básicamente en cooperadores y competitivos. El estilo que ejerza determinado gerente general dependerá de su personalidad, en especial de su capacidad conciliadora.
Un gerente general conciliador tenderá a confiar y a aceptar a los demás, tendrá un carácter cálido y preferirá la cooperación antes que la competencia. Su antagonista se mostrará escéptico ante las ideas, no se dejará impresionar fácilmente y favorecerá la competencia por sobre la cooperación. Sin embargo, históricamente, ni el estilo cooperador ni el estilo competitivo han demostrado mayor eficacia, pues cada uno tiene sus propias ventajas y desventajas.
En el mundo de los negocios, lo más común es encontrar a un tipo de gerente general no muy conciliador y sumamente competitivo. Líderes tales como Jack Welch de General Electric y Richard Branson de Virgin son reconocidos por su competitividad personal. En su calidad de gerente general, este tipo de líderes suele crear un ambiente laboral competitivo. Los miembros del equipo gerencial de la plana mayor compiten entre sí para impresionar al jefe con sus puntos de vista y para que escoja el curso de acción que ellos le proponen. Los miembros del equipo tienden a operar en forma individual y cada uno de ellos le aporta al líder información de carácter fundamental. De hecho, en este sentido no existe un verdadero equipo, sino más bien una agrupación de individuos no muy unida, donde da la casualidad de que todos se reportan al mismo jefe.
El liderazgo ejercido por Paul Austin representa un ejemplo extremo de este estilo. Austin se desempeñó como gerente general de la compañía entre 1966 y 1980 y definitivamente no se destacó por ejercer un estilo conciliador. Se le conocía como ‘el hombre de hielo’ y tal como señalara en la revista Forbes con respecto a su estilo gerencial: “le gustaba arrancarle todos los pies al ciempiés para ver cómo era en realidad”. En la historia de la Coca-Cola por Mark Pendergrast, se menciona la dureza de Austin para ejercer el liderazgo: “Austin aterrorizaba a sus empleados a propósito. Insistía en que debía existir ‘cierto grado de ansiedad y tensión para que la gente funcionara al máximo de su potencial’ y comparaba esta ‘rapidez nerviosa’ con una ‘cuerda de violín bien afinada’”. Austin, cuya naturaleza era normalmente reservada, en ocasiones desataba (adrede) un temperamento feroz y explosivo que lo hacía aún más temible.
El temor que Austin infundía en sus subordinados directos se transmitía, a su vez, a otros funcionarios más abajo en la estructura jerárquica. Esto generó una cultura donde se exigía máxima lealtad tanto hacia la empresa como hacia el jefe.
El enfoque competitivo.
El estilo competitivo tiene varias fortalezas, como generar lealtad hacia el líder y crear una estructura clara al enfatizar que el líder es quien tiene la responsabilidad última sobre todas las decisiones. Además, se centra en el hecho de que cada uno de los miembros del equipo se responsabiliza por garantizar el mejor desempeño individual. Para que este estilo funciones, es necesario que el líder posea curiosidad intelectual y la suficiente flexibilidad como para presionar y obtener las mejores respuestas posibles a las preguntas. Cuando un líder es capaz de escuchar atentamente los argumentos de los gerentes de la plana mayor y formular las preguntas adecuadas, la ventaja será que obtendrá varias perspectivas independientes sobre el problema en cuestión, además de la lealtad necesaria para una implementación eficaz.
Pero este estilo exigente y competitivo puede resultar contraproducente en dos sentidos. Primero, puede que la lealtad evite que los gerentes de la plana mayor aporten puntos de vista independientes, pues con tal de demostrar lealtad, sólo le dirán al líder lo que éste desea escuchar. En efecto, ésta es una de las principales quejas de los gerentes de la plana mayor y, probablemente, permita ese antiguo dicho de que ‘en la cima se está solo’. Sin embargo, no tiene que qué tener un efecto letal. El éxito de una situación de esta naturaleza dependerá de la habilidad del gerente para formular las preguntas importantes y tomar las decisiones que corresponda. En pocas palabras, cuando la lealtad hacia el líder sea la fuerza motriz, el éxito dependerá de su agresividad y capacidad intelectual.
La segunda forma en que un estilo de liderazgo competitivo puede resultar contraproducente – y la más peligrosa – es cuando la competencia entre los miembros del equipo se vuelve demasiado acalorada y conduce hacia la autodestrucción. Los gerentes de la plana mayor tienden a debilitarse unos a otros en lugar de impresionar al jefe con los méritos de sus argumentos. Esto constituye un riesgo particular cuando el líder tiene claros favoritismos. Si determinado gerente de la plana mayor considera que no logrará el éxito mediante la persuasión, puede que intente dañar la credibilidad de alguno de sus colegas.
Si bien su estilo tuvo un éxito extraordinario durante la mayor parte de su liderazgo, lo siguiente explicaría, aparentemente, lo que le ocurrió a Austin hacia fines de su período en la Coca.cola. roberto Goizueta, Don Keogh, Luke Smith e Ian Wilson competían entre sí para ocupar el puesto de Austin en 1979. Todo parecía indicar que Smith sería el próximo sucesor de Austin, hasta que alguien del equipo logró acercarse a Austin y Smith fue abruptamente despedido, lo que dejó nuevamente abierta la competencia. Estos juegos políticos distrajeron la atención del grupo de los negocios y contribuyeron al desastroso desempeño financiero que la empresa mostrara a fines de los setenta (incluso al compararlo con los resultados de otras importantes compañías en ese período).
Cooperación.
En el otro extremo de la balanza se encuentra el líder cooperador y conciliador que incentiva a los gerentes a trabajar en conjunto y a compartir información importante para lograr el consenso. Por lo tanto, las diferencias de categoría y poder entre los miembros revisten menor importancia y se recompensa el compartir el poder. Por ejemplo, estudios recientes llevados a cabo por Dean Tjosvold de la Universidad Lingnan, señalan que los líderes con una personalidad cálida tienden a incentivar la unidad del grupo.
El sucesor de Austin en la Coca-cola constituye un buen ejemplo de este tipo de líder. El cubano Goizueta poseía un fuerte estilo latino y una personalidad muy conciliadora. Fomentaba las buenas relaciones al interior del equipo gerencial y se esforzaba para lograr su unión. El hecho de que los miembros del equipo estuviesen acostumbrados a trabajar solos dificultó particularmente su tarea, eso sin mencionar el hecho de que la mayoría de estos gerentes habían sido candidatos potenciales a la sucesión del cargo. No obstante, Goizueta conservó a las personas clave que heredó en su mando y los alentó para que trabajaran como un equipo.
Las fortalezas del estilo cooperador radican en que existe una mayor probabilidad que el grupo tome decisiones superiores, pues en él se conjugan diversos conocimientos especializados. Además, este tipo de grupo suele tener mayor espíritu empresarial, porque sus miembros experimentan un mayor sentido de pertenencia hacia los problemas del grupo y de la organización, y se sienten más habilitados para poder resolverlos. Para que funcione el estilo cooperador, el líder deberá centrarse por igual en la calidad de las decisiones comerciales así como en mantener la calidad de las relaciones interpersonales. Si el líder se deja abrumar por el enfoque en las relaciones, ello puede conducir al pensamiento grupal.
Irving Janis de la Universidad de Yale fue quien propusiera por primera vez el concepto del pensamiento grupal. Janis señaló someramente algunos rasgos de conducta comunes que exhibían los grupos de toma de decisiones de alta gerencia que únicamente se centraban en establecer relaciones entre sí. Descubrió que las decisiones de consenso pueden llevar al grupo a pensar que todas sus decisiones son perfectas y a sentir que pueden presionar a los detractores para que no se manifiesten e, incluso, a aplicar la autocensura si ellos mismos tienen dudas. En la historia encontramos algunos ejemplos pertinentes al pensamiento grupal, como la decisión de la Administración Kennedy de invadir Bahía de Cochinos en 1961 y la decisión del gabinete británico de aplacar a la Alemania nazi en los años 30.
Cuando el pensamiento grupal centra la atención en las relaciones al interior del grupo, existen muchas más posibilidades de que se tomen decisiones desastrosas, ya que los participantes prefieren evitar los conflictos antes que discutir los problemas a fondo. Esta noción ha sido respaldada por una investigación realizada recientemente por el profesor de psicología, Charlan Nemeth, quien descubrió que la exposición a muchas ideas distintas cumple un papel fundamental en lo que se refiere a mejorar la calidad de las decisiones grupales de todo tipo, incluidas aquellas que toman los equipos de la gerencia superior.
Hay otro aspecto en que los líderes que ejercen un estilo cooperador pueden resultar vulnerables. Con frecuencia forman equipos homogéneos que no entran en conflicto porque todos los integrantes piensan en términos similares. Los líderes conciliadores se ven tentados a seleccionar a las personas según lo bien que se lleven con los demás miembros del equipo, en lugar de escogerlas por la diversidad de sus conocimientos y especialidades.
Por ejemplo, la reciente labor llevada acabo por Kathleen Eisenhardt y colegas de la Universidad de Stanford permite ilustrar la relación que existe entre las decisiones tomadas por los equipos gerenciales de la plana mayor y la heterogeneidad de los conocimientos, especialidades y funciones. Es muy posible que la ausencia de tal diversidad en estos aspectos haya influido en la desastrosa decisión que tomara el equipo de Goizueta para lanzar la Nueva Coca-Cola sin realizar una investigación acabada que hubiese podido contribuir a su éxito.
Mirar al futuro.
Al comienzo de este artículo, señalé que a través de la historia no se ha demostrado que ninguno de estos dos estilos de liderazgo haya tenido mayor éxito que el otro. Pero el contexto de los negocios se encuentra en proceso de cambio y las empresas se enfrentan a un nivel de incertidumbre sin precedentes. Factores tales como el constante crecimiento de la competencia global, el desarrollo a pasos agigantados de la tecnología, la fluctuación errática de la economía situaciones políticas impredecibles, han hecho que el mundo de los negocios sea cada vez más dinámico.
Para tener éxito en un escenario de esta naturaleza, los gerentes generales y los equipos gerenciales de plana mayor deberán estar preparados para enfrentarse a situaciones impredecibles, lo que favorece un enfoque más cooperador. Al trabajar con Beta Manis de la Universidad de Cornell en este tema, considero que los equipos gerenciales de éxito deberán contar con las siguientes características:
1. Deberán abrazar la paradoja común en administración que es predicar valores estables, pero, al mismo tiempo, ser capaces de cambiar constantemente de táctica para lograrlos.
2. Deberán ayudar a los gerentes de niveles más bajos, para que enfrenten la ambigüedad de tener que tomar decisiones sin contar con toda la información. Si bien éste solía ser el terreno exclusivo de los gerentes de la plana mayor, cada vez resulta más común para los gerentes de niveles más bajos, debido al acelerado ritmo de los negocios hoy día.
3. Deberán tener un mayor espíritu empresarial. El éxito radica en la rapidez y la experimentación más que en una implementación impecable. Es casi imposible triunfar hoy si nos quedamos mirando desde la segunda fila.
En consecuencia, las organizaciones dinámicas resultan más adecuadas para aquellas personas que están dispuestas a aceptar los cambios y que son capaces de trabajar en forma colaboradora con una diversidad de personas, muchas de las cuales quizá apenas conozcan pues las circunstancias son cambiantes. La clave para que los equipos gerenciales de la plana mayor logren el éxito en el futuro, reside en un enfoque más cooperador y orientado al trabajo en equipo.
Modelo de Gerente General y equipo gerencial de plana mayor
COMPETENCIA
COLABORACIÓN
Bajo
Nivel de conciliación
Alto
Competitivo
Orientación hacia los demás
Cooperador
Serie de individuos
Administración del equipo
Verdadero equipo
Estructura y responsabilidades claras
Mayor fortaleza
Conocimientos expertos compartidos
Autodestrucción del grupo
Peor vulnerabilidad
Equipo homogéneo sin conflictos
Predecible
Mejor ambiente
Dinámico
Comentario Pontificia Universidad Católica
Líderes: ¿temor o empatía?
Ana María Bravo. Ingeniero Comercial y MBA, Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesora Escuela de Administración UC.
El artículo del profesor Peterson reconoce que si bien las teorías del comportamiento organizacional y del liderazgo permiten hablar de líderes que promueven la competencia y líderes que promueven la colaboración en sus empresas, no logra establecer u punto óptimo de competitividad y colaboración. En mi opinión, cuando se promueve la competencia en una compañía o lo que mal llamamos la ‘sana competencia’, el juego que se establece es uno de ‘ganar-perder’, ya que siempre que una unidad de negocio gana, otra debe estar perdiendo algo. Por el contrario, con un esquema de colaboración se obtiene un ‘ganar-ganar, que logra que todos salgan favorecidos. Incluso ya no es raro ver que empresas que antes competían ahora colaboran, es el signo más evidente del cambio producido.
Pensemos en las empresas en las que nos toca participar y el entorno que ellas enfrentan hoy. Este es cada vez más dinámico, con crisis externas, guerras, políticas internacionales que impactan los negocios de todo el mundo. La globalización es una realidad que, nos guste o no, llegó para quedarse, y que hace que las variables involucradas en el éxito empresaria, sean cada vez más y de una mayor complejidad. Aprender a convivir con esta turbulencia externa reforzada por los acontecimientos propios del país y de cada industria, obviamente impactan el desempeño de las empresas y de sus ejecutivos.
Quienes pueden enfrentar con mayor dominio y efectividad este entorno son aquellos que son capaces de considerar el cambio permanente como un aliado que otorga oportunidades insospechadas, más que un enemigo que hace más difícil el trabajo.
Esta característica que parece bastante obvia a estas alturas, no es fácil de encontrar y muchos son los que pagarían porque este tipo de ejecutivo pudieran conseguirse fácilmente. Los líderes colaboradores son en esencia personas que ven el mundo de esta manera, que no se creen poseedores de verdades absolutas, son positivas, motivadores y capaces de valorar el cambio permanente como una oportunidad para obtener mejores resultados.
La conformación de equipos de alta dirección estará compuesta por ejecutivos con experiencia comprobada en los cuales si bien se valorarán los conocimientos de variada índole siempre será fundamental las habilidades sociales que muestren. Una vez formado el equipo, el líder debe ser capaz de transmitirle la motivación necesaria para que todos sus integrantes sientan que esta es una ‘aventura en la que todos estarán involucrados y que los resultados deseados serán una responsabilidad compartida’. El líder sabe que su rol será alentar al equipo y guiarlo adecuadamente, estando alerta, en todo momento, de que las señales que genere sean adecuadas para la motivación. Debe ser capaz incluso de analizar imparcialmente los fracasos y lograr un aprendizaje colectivo.
Un equipo de alta gerencia obviamente debe lograr que los ejecutivos de rango menor se comprometan con los lineamientos planteados, para que este liderazgo fluya y atraviese la organización. Sin embargo, y lo que muchas veces olvidamos especialmente en nuestra cultura empresarial latinoamericana es que para que el éxito sea sostenido en el tiempo, esto debe estar alineado a políticas de dirección de personas que se constituyen en el instrumento que permita al líder lograr impregnar sus ideas y motivaciones hacia toda la organización. Me refiero a procesos de selección adecuados, avaluaciones de desempeño que se enfoquen en las características adecuadas, sistemas de remuneración acorde con los objetivos planteados.
Pienso que el artículo es valioso en lo que se refiere a las caracterización de los líderes con que nos podemos encontrar en la realidad, sin embargo, no se juega por ninguna de las opciones, por lo cual no ayuda a despejar la incertidumbre de estos tiempos.
Comentario de Enrique Mena Caviedes, el Maestro de Maestros, el gurú Absoluto del Universo, Dios encarnado en la Tierra.
1. Sobre el artículo del inglés lameculos, no sólo no se moja el potito, sino que trata 'subliminalmente' de desacreditar el estilo 'cooperador', como él lo llama. Prueba de ello es que elige, entre los miles de ejemplos posibles de este 'estilo' de liderazgo, dos experiencias políticas que la historia demostró fallidas: Bahía de Cochinos el '61 y el Pacto de Munich el '36. ¿Por qué no nombró, por ejemplo, la política de Roosvelt de, literalmente, 'mantener' a flote a Inglaterra y la URSS, al mismo tiempo, durante la 2ª G.M? Para rematar, eligió como ejemplo de este 'estilo' en la gerencia de una gran empresa al pobre Goizueta, al que lo culpó de todos los fracasos de la Coca Cola, sin ponderar lo suficiente que la alta gerencia venía de un 'estilo' 'estanilista' de gerencia anterior, por lo que ni ca podía comprender, menos aceptar, uno más 'humano'. El viejo simplemente deforma el concepto, porque rápidamente lo lleva a lo que se denomina 'pensamiento grupal', siendo que lo principal del enfoque cooperativo sigue siendo el objetivo de la empresa, sólo que este objetivo es realizado de mejor forma si todos nos tratamos como 'seres humanos' y no esclavos. Esto no lo dice el viejo, por lo que el viejo simplemente sigue pensando que a la gente se le debe tratar con un látigo para que haga su trabajo y que si el 'líder' se 'ablanda', llegará el caos a su empresa u organización.
2. Sobre el comentario de la niña de la ponticuica, digo lo mismo que ella dijo del viejo y que, de una u otra manera, insiste en creer lo mismo.
Cualquier sugerencia, ya saben dónde ubicarme.